miércoles, 17 de octubre de 2007

¿ALLÓ JA NO TORNARA?

¡Ay, campanes del migdía
de la vespra del jorn gran!
¡Quina tristor dins de l´anima,
quina tristor m'hau donat!

Tocaveu a dòl i a glòria.
Nos feieu riure i plorar...
Quan vòstra veu s'escampava
-en atre remps no llunyá-
la traca, brava i moresca,
nos feia de gòig botar.

¡Tots al carrer per a vore
la risa del mes de maig,
la llum del sòl, que devalla
d'un cèl tan pur i tan blau,
qu'el seu mant la santa Vèrge
de sòl i cel ha format!...

¡A sentir olor de ròses,
de clavells i flòr d'açahar
mesclat ab olor de pólvora...
qu'així es tèrra de Llevant:
perfums d'Orient qu'endoleixen,
sòl de foc, aire suau,
amor per a tot lo noble...
i en les venes ròja sanc
qu'en l'òr de nostra Senyera
quatre barres ha pintat!...

Si la festa es huí tan bòna.
millor la voreu demá.

La multitut ja s'apreta
per a vórela passar.
Tots els carrers i les places
son un mar de valencians
qu'oneja, s'encrespa i canta
com canta i es mou la mar.

Els ulls de les valencianes
-mestres en amor leial-
guarden totes les caricies
per a la Reina dels Sants...

De sobte, un soroll recorre
la vòlta de cap a cap:
¡es qu'apareix en la pórta
de la Sèu, qual diamant,
la més pura de les Vergens,
la Mare de cor mes gran,
la Ròsa más escullida
del ric verger celestial,
la que sempe, ab ulls pietosos,
¡sempre! nos está mirant,
el conhòrt de tota angunia,
la fònt d'alegría i pau,
Reina del cèl i la terra,
Mare dels bons valencians!...
I entre divines pregaries
i vítols entusiasmats,
la plaça creuca la Vèrge
beneínt a sos infants.
Mireula be com se para
en la Generalitat
i nos recorda la vida
gloriosa del temps passat...
El carrer de Cavallers
la pórta al tipic Tròç-Alt
i entrant en la Bolsería
esclata un gòig delirant.

¡Bolsería pintoresca,
l'Historia 't recordará!;
sòls la plaça de l'Almoina
es de tu digna rival.
De balcons i de finestres,
de teulades i terrats,
cau tanta fulla de ròsa
que, a la Senyora velant,
deixa en les andes i en tèrra
catifa de més de d'un pam...

I arriba l'imatge santa
a la plaça del Mercat:

"¡Vixca la Geperudeta!"
"¡Mare dels Desamparats!"
"¡Reina de Valencia tota!"
"¡Joya pura i celestial!"
"¡Esperança de ma vida!"
"¡Portam al Cèl de la má!"...
I aquella santa locura
creix i creix sense parar,
les mares alcen al xics;
el pobrets demanen pa;
les doncelles, que les guarde;
els vellets, la santa pau;
i hasta les criaturetes,
al vórela tan brillant,
la miren i se somriuen
com el ángels ho faran...
I als homens de sanc mes freda
¡jo he vist fil a fil plorar!

En los Porxets la regiren
i entra al carrer que sellá
la passió de Vicent Mártir,
vell Patró de la ciutat.

Per la plaça de la Reina
avança al carrer del Mar;
i en el de les Avellanes
amaneix bella i triumfant.

Puja després la costera
nomenada del Palau
i en la plaça de l'Almoina
reb el adéu popular...

¡Plaça antiga, hermosa i clássica,
l'Història 't recordará!
Sòls de tu la Bolsería
es la més digna rival.
Si allí cau un mar de ròses,
ací un mar de ròses cau
en que s'anega la Mare
Divina dels valencians...
fins qu'en sa Reial Capella,
que de llum encesa está,
queda ja depositada
entre flòrs, himnes i planys...
¿Ja no 't vorem atra vòlta
passejar per ta ciutat?

¿Al any que ve, Mare meua,
tindrem lo mateix qu'enguany?...
¿Quí no te vòl, casta Vèrge?
¿Quín valenciá 't pot odiar
¡a Tu!, vida i esperança
del pòbres desamparats?
¿Ja no es Valencia la tèrra
d'amor i de llibertat?

Quí no 't vòl per Sobirana
sòls del error es vassall...

¡Senyor, Senyor, perdoneulos,
que no saben lo qu'es fan!

¡Campanetes, campanetes
de la vespra del jorn sant!
¡Quina tristor al mig l'anima,
quina tristor m'hau donat!
Tocaveu a dòl i a glòria,
nos feieu riure i plòrar...


Valencia, 16 de maig de 1936

domingo, 4 de febrero de 2007

CHARLA

Nuestros oídos ya se recrean
con catecismo tan ejemplar.
¡Por Jesucristo, que nos la lean
mañana mismo para almorzar!

A la Epístola de San Pablo se refiere esta canción, tomada de una preciosa zarzuela del género antiguo. ¡Y a fe que viene bien recordarla en los difíciles tiempos que corremos! Porque encierra en sí el suspiro de los impacientes de ambos sexos que desean contraer el santo sacramento del matrimonio y que ¡desdichados! cada vez ven más imposible la satisfacción de sus legítimas aspiraciones.
Antiguamente –contaban mis abuelos, que en paz descansen- la mujer que llegaba a los veinte años permaneciendo solterita, era considerada como una anciana para el casamiento. Y el varón que a los treinta no se había arrodillado con su media naranja al pie del altar, era un solterón empedernido... Pero eso sucedía antes.
¿Hoy? Hoy pasa todo lo contrario. Aquí no se casa nadie ni a tiros, como dicen en mi pueblo. Y es lo peor del caso, que no es por falta de ganas. ¡Cuán bien estaría la canción que encabeza esta charla, en boca de infinitos quincuagenarios y cuarentonas con que tropezamos por doquier!
Ahora bien: ningún solterón tiene la franqueza de manifestar esos anhelos recónditos, íntimos, de casarse. Si les escuchamos a ellos, todo son diatribas y pedruscos arrojados con catapulta contra los sagrados vínculos. ¿Casarse? –dicen ellos- La mujer es una carga pesadísima, esclavizante. ¿Contraer matrimonio? –exclaman ellas- ¡Que el diablo cargue con los hombres!
Y los pobres se creen que se convencen a sí propios.
Y a veces se advierte que en un rincón del casino conversan en voz baja varios viejos célibes, en una forma parecida a la siguiente:
- ¿Sabeis lo que le pasó al desventurado López?
- Alguna desgracia
- Y de las gordas.
- ¿Ha quebrado?
- Peor que eso.
- ¿Se ha roto algo?
- Mucho peor.
- ¿Se ha muerto?
- Peor todavía.
- ¿Está en presidio?
- ¡Más le valiera!
- ¿Pues qué?
- ¡¡Se casó!!
- ¡¡¡Infeliz!!! –prorrumpen todos con cara de espanto.

Así es que, entre las dificultades naturales del presente para llegar a la vicaría y las mortales consideraciones de los referidos caballeros, pasan semanas y meses y más sin que encontremos un recién casado ni por un ojo de la cara, hasta el extremo de que cuando oímos el estrépito de dos o tres tartanas llenas de gente alegre y seguidas de chiquillos que gritan: - ¡la novia, la novia!- nos asomamos al balcón, reventando de curiosidad, admiración y pasmo. Y es muy probable que no volvamos a ver otra boda si no gozamos de larga vida.
Si de la observación de los hechos pasara a la investigación de las causas ¡cuántas cuartillas de letra menuda y apretada pudiera emborronar! Peor no estoy par elucubraciones filosóficas. Sean las causas las que fueren, lo cierto e importante es que ya empiezan los hombres públicos a preocuparse de tan alarmante cuestión como es esta de la escasez de matrimonios y propones algunos de ellos medidas salvadoras que quizás hagan que dentro de poco tenga cada cual su consorte correspondiente.
No hace mucho tiempo, ya propuso un diputado barcelonés que, para remediar tamaño mal, se aumentara la contribución a los solteros. En los Estados Unidos existe algo parecido, pero que difiere un poco de lo que se aquí se intenta establecer. Los yanquees no es que aumentan la contribución a los solteros, sino que la disminuyen a los casados, lo cual cambia de aspecto y, según mi modesto parecer, resulta más moral. Porque si lo que el diputado catalán desea, llega a ser ley, será una ley draconiana si se aplica de un modo categórico y sin excepciones. No es lo mismo el célibe voluntario que el forzado solterón que, o porque no sabe o es feo o no viste bien, no puede enamorar. ¿Ha de pagar este lo que no debe? ¡No y mil veces no! Yo creo que la anterior proposición del ya tres veces citado catalán, se debiera completar con esta otra, nacida de mi fecundo magín:
"Art. 1º.- En todos los Ayuntamientos se creará una comisión compuesta de varios concejales y varios vecinos serios, cuyo objeto será facilitar los casamientos de los solteros y solteras involuntarios que pasen de los cuarenta y treinta años, respectivamente.
Art. 2º.- Al efecto llevará una lista con las condiciones, medios de fortuna, etc., de dichos solteros y solteras.
Art. 3º y último.- La supradicha comisión proporcionará a los interesados que lo solicitaren, el cónyuge que por clasificación les corresponda, sin derecho a reclamación alguna, una vez hecha la designación."
¡Qué hermoso sería esto, lector del alma!¡Cuánto bien podría causar a la humanidad! Y sobre todo ¡qué satisfacción para mí y para ti y para otros, que al fin veríamos llegar el deseado día de cantar por experiencia la primera parte de la canción que encabeza estas líneas!:
¡Oh, qué epístola tan bella!
¡Oh, que flor de Jericó!
Le inspiraba buena estrella
cuando el santo la escribió.

ROBERTO 2 de agosto de 1913 Revista de Gandia.

BARBARIE

Suena un toque de campana, después otro, luego otro, el toque de otra clase de campana, un pito, pita el tren... y el tren no sale. Pero por fin, sale en medio de los adioses, lágrimas, suspiros, pañuelos y sombreros que se agitan, sonrisas, etcétera. Y arranca con su majestuoso ¡Feeeu... Folch!... Feeeu... Folch!, dejando atrás la estación de partida mientras dice:
¡Ballesteros, Ballesteros!
¡Carrecedo, Carrecedo!
¡Feeeu, Folch, Feeeu, Folch!,
¡Huuuuuuu!...

Bueno, me retiro de la ventanilla, voy a sentarme y
- ¡Caramba, Perico, tu por aquí! ¡Cuánto me alegro!
- ¡Querido amigo! ¿Que tal? No te conocí. Como estabas en la ventana y yo entré por la parte opuesta... ¡Aprieta, hombre!
Y nos dimos un abrazo.
- ¿Qué ha sido de tu vida? –me dice- Veo que estás gordo, relleno...
- Tal cual –le contesto- En cambio, tú no estás como esperaba verte. Te encuentro algo demacrado... ¿Que no te probó el viaje a Argentina?
- ¡Calla, por Dios! No fui a la Argentina. Me decidí a ir a América del Norte. Y cree que desde que divisé las costas americanas hasta que volví a pisar tierra española, mi vida ha sido un verdadero Calvario.
- ¿De veras?
- Y tanto. Figúrate que cuando llegamos a la vista de lo que a mí me parecía la tierra prometida, para el trasatlántico; y vemos venir un vaporcito que se acerca a nuestro buque, trasborda a unos señores y a varios individuos armados, nos inspeccionan a todos los emigrantes uno por uno, y a este quiero y al otro no quiero, se nos llevan a más de las dos terceras partes a una especie de lazareto flotante a pasar la cuarentena de observación...
- ¡Ah! ¿Es que todos estabais enfermos?
- Nadie. Todos estábamos más sanos que peces. Deber ser que a los yanquis les molesta la emigración, porque de otra manera no se explica... ¡Qué groseros son! Cualquiera se creerá que el reconocimiento que nos hacían era científico y detenido. Nada de eso. Aquello iba a ojo. – "Este hombre al lazareto... Esta joven que desembarque... Esta también... ¡A ver!... Ese mozo, al lazareto. – Pero... - ¡Silencio!... - ¡Me separan de mi hija! - ¡Que se calle usted! - ¡Cómo he de callar, si esto es inicuo! - ¡Pues al calabozo!"
Y así todo. El que protestaba, además de al depósito, iba al calabozo como un criminal. Un matrimonio alicantino que venía con nosotros y que para hacer el viaje a América había vendido los cuatro pedazos de tierra que constituían toda su fortuna, se vio separado de sus dos hijas por el capricho de aquellos bárbaros, que no atendían ni a súplicas ni a ruegos, ni a lágrimas ni a nada. Aún no se han vuelto a juntar con ellas.
- ¿No las encontraron?
- No pudieron ni buscarlas. Los infelices padres, como todos los que estábamos en observación, después de permanecer durante más de un mes en aquel presidio flotante, en alta mar, con el piso por cama, sin fuego, con un frío que atería, comiendo un escaso rancho indigesto, sufriendo moral y materialmente lo indecible, fueron embarcados, como yo y como todos, por orden del Gobierno yanqui y devueltos por la fuerza a la Península.
- Pero ¿y las chicas?
- ¡Quién sabe!
- ¡Eso es atroz! ¿Cómo no se formuló una reclamación ante el cónsul, que está precisamente para defensa de sus compatriotas!
- Primero, porque no se pudo bajar a tierra ni comunicarse con él; y segundo porque, aún pudiendo, los cónsules españoles en América del Norte, se mueven en el vacío... Todo su celo y buena voluntad se estrellan contra el despotismo yanqui...
- ¡Parece mentira!
- Si, caro amigo. Y aquí me tienes. He ido a Roma y no he visto al Papa. La Yanquilandia no se como será. Únicamente puedo asegurarte que de ella solo he visto a unos hombres muy rubios y muy mal educados, vestidos de personas civilizadas. y como consecuencia triste de su barbarie, muchos compañeros míos de emigración han sido separados, contra todo derecho, de sus mujeres o de sus hijas, sin saber a estas horas qué será de las desgraciadas en tierra extranjera. Quizás hayan muerto de hambre o quizás, que es lo peor, se hayan perdido ignominiosamente...
Ya ves cómo proceden esos Estados que tanto se ponderan por su progreso material. ¿Qué me importan sus ciudades provistas de todos los adelantos modernos de las ciencias y las artes? ¿Para qué los quiero, si entre tantas máquinas y tantos palacios no se alberga ni una chispa de compasión? Prefiero a tanto progreso cualquier mísera aldehuela española sin telégrafo ni carretera... Al menos, sus habitantes, aunque rudos, dan posada al peregrino y saben que todo hombre, como hijo de Dios, es un hermano y compañero de fatigas en este valle de lágrimas...
Y he aquí de qué manera un artículo que comenzó como algo alegre, ha venido a terminar, sin quererlo, en graves consideraciones, consecuencia fatal de este verídico relato.

ROBERTO 23 de agosto de 1913 Revista de Gandia

ASÍ SE ELIGEN LOS KAIDES



Ya se habrán enterado hasta la saciedad nuestros lectores de los atropellos –inconcebibles en el siglo XX- cometidos en las elecciones del distrito de Nules. Más de mil personas, partidarias del señor Chicharro, fueron encarceladas. Cuadrillas de escopeteros rondaban por las calles y no consentían que se votase al candidato antiministerial. A un interventor o presidente de mesa –no lo recordamos bien- le invadieron su domicilio y le asestaron una puñalada en el vientre por no querer firmar un acta en blanco. Los notarios fueron cazados poco menos que como fieras, viéndose aquellos respetables funcionarios en la precisión de defender sus vidas empuñando las pistolas... Y todo esto, autorizado, desde luego, por el Poncio de la provincia y recomendado por el Gobierno que disfrutamos.
Pues un procedimiento parecido es el que se emplea en las bienaventuradas tierras del Riff. Cuando muere un jefe de kábila, nadie se preocupa de las leyes, ni de reglamentos para sucederle. Los que se creen con poder suficiente para ocupar la vacante, comienzan a tiros y a golpes de gumía y así se resuelve la cuestión. Y al más bárbaro de todos, al más salvaje, al que más cabezas corta y más adversarios despanzurra,

le jura al punto la gente
capitán por más valiente,

-como dicen en el Tenorio- y a vivir y a ser el norte y guía y el encanto y embeleso de aquellos adorables angelitos.

El sistema no puede ser más expeditivo. Se ahorran calentamientos de cabeza, levantamientos de actas, notarios, papeletas, electoreros y toda la barahúnda de ceremonias, que solo sirven de estorbo. Por eso los liberales españoles modernos, entusiasmados con los usos y costumbres de los rifeños, se han empeñado en establecerlos en la Península. Y a fe que lo van consiguiendo. Díganlo, si no, los distritos de Nules, Alcira y tantos otros, de cuyos sucesos suponemos a todos enterados.

Y demos gracias a Dios mil veces por la retirada del señor Ibáñez Rizo y la del centenar de tahúres y demás honorabilísimos perdularios que ya estaban camino de Gandia. Porque hubiera sido muy fácil que el día veintinueve del pasado mes de abril ocurriese lo que muchos no esperaban.

¿Que no? ¿Que aquí no pasa nunca nada porque los gandienses son mansísimos sujetos? Si, si; pero tanto va el cántaro a la fuente...

Lo mejor de todo es que se haya quitado la ocasión de la experiencia.

JOSE Mª CAPSIR 5 de mayo de 1923 Revista de Gandia

domingo, 28 de enero de 2007

ES TRISTE PERO ES VERDAD




Hay una sentencia valenciana que dice: Deu nos lliure del día de les alabances, o sea, Dios nos libre del día de las alabanzas, porque ese día en que se eleva el coro de los ditirambos en honor de cualquier persona, suele ser, por lo general, el de su entierro.
Ha muerto Pablo Iglesias. Y siguiendo la costumbre establecida, han estallado en todo el recinto de la península, como cohetes luminosos, los elogios y las alabanzas, pero tan encomiásticos, tan admirativos y tan altisonantes, que se puede decir que como ellos no se han escuchado otros desde hace muchísimo tiempo.
Bien está que los socialistas alaben a su jefe. Pablo Iglesias era el organizador del socialismo español, al frente del cual ha estado durante toda su vida. Y es muy natural que sus partidarios le amen y le elogien, le respeten y le reverencien. Bien está, además, que lo encomien las extremas izquierdas, sobre todo los republicanos, que tantas veces se unieron a los socialistas para combatir a la Monarquía, a la Religión y al Ejército...; pero lo que no comprendemos es el elogio por parte de algunos católicos, hecho en tal forma, que no parece sino que la única doctrina salvadora de la clase obrera la haya propugnado y establecido, defendido y divulgado el difunto Pablo Iglesias.

Y es que esos católicos no deben de tener memoria. ¿Han olvidado la Santidad de León XIII? ¿Es que ya no recuerdan aquel famoso salario familiar que recomendaba el inmortal Papa de los obreros? Y toda la demás doctrina social, doctrina de paz y de amor, sin odios ni violencias, cristianamente humana, sabiamente sublime e insuperablemente excelsa ¡divina! de aquel representante de Cristo en la tierra ¿se ha olvidado también? ¿Cuándo llegaron los socialistas y los otros inventores de teorías, a trazar un programa de mayor hermosura y eficacia en el orden social? Pero –se nos responderá sin duda- es que todas aquellas innegables bellezas que quiso establecer el Papa de los obreros no se han podido desarrollar en España, porque los trabajadores, incluso los de arraigados sentimientos cristianos, han desertado de las instituciones obreristas católicas y se han afiliado al socialismo. Y de eso ¿quién tiene la culpa?. Los patronos que se llaman católicos. Y que conste que hablamos en términos generales, respetando las honrosas excepciones, bastante numerosos si se quiere. Los patronos, que en su lamentable incomprensión del problema, han creído que los sindicatos obreros católicos se fundaron para defender los intereses patronales, y que el obrero, por el hecho de ser católico, había de trabajar en peores condiciones que sus compañeros de otras ideologías, son los que han estropeado este asunto de tal manera, que salvo contadísimos casos, podemos afirmar que las organizaciones católicas de trabajadores arrastran una vida mísera y vergonzante. Triste es confesarlo, pero es verdad.

Y esos mismos patronos que tantas veces se han escandalizado porque los obreros católicos han querido vivir como personas, son los que en estos momentos, ante el cadáver yerto de Pablo Iglesias, se deshacen en alabanzas diciendo que a él se debe todo mejoramiento de la clase trabajadora... Si ello es cierto –que no lo es- cúlpese a los mismos que ahora lo dicen y no quisieron seguir los amorosos consejos del Sumo Pontífice León XIII.

Mientras no aliente verdadero espíritu cristiano, espíritu de abnegación y de sacrificio –de caridad, en una palabra- entre la generalidad de los patronos católicos españoles, podrá repetirse el triste caso de tenernos que callar cuando oigamos que determinadas personas entonan himnos de alabanza a quien ha combatido a la Iglesia Católica, fundado escuelas laicas, defendido atentados personales y dispuesto ser enterrado en cementerio civil.

JOSE Mª CAPSIR 19 de diciembre de 1925 Revista de Gandia.

EL PATRIOTISMO DE LERROUX


Lerroux, el sargento desertor, es patriota. Pero con un patriotismo tan delicado, tan susceptible y tan especialmente raro, que las graves ofensas y los grandes latrocinios contra la Patria, no le conmueven. Y en cambio, encienden su sangre incidentes tan secundarios como el olvidado asunto de las Carolinas. El inicuo despojo de Cuba y Filipinas, que tanta sangre, lágrimas y dinero costó a España, eso... no fue más que una graciosa travesura de los hidalgos yanquis, que bien merece nuestro perdón y hasta nuestro reconocimiento. Y la protección que material y diplomáticamente prestó por aquel entonces la Gran Bretaña a los Estados Unidos, ¡ah! también es digna de agradecimiento eterno. Lo mismo que sus insultos y burlas cuando nos vio vencidos y humillados. Y lo mismo que todo lo que Inglaterra ha hecho siempre por nosotros a través de la Historia. Díganlo, si no, Trafalgar y Gibraltar, la distanciación en que viven Madrid y Lisboa, no obstante ser ambos de la misma península; y lo desmedrado de nuestra flota de guerra, a cuyo engrandecimiento se opuso siempre, con serias amenazas, el Gobierno de la rubia Albión.
Inglaterra, Francia y Norte-América deben ser las niñas de nuestros ojos, a pesar de las desgarraduras que han producido, producen y procuraran producir en el manto señorial de España. Luchemos por quien nos insulta, sacrifiquémonos por quien nos abofetea y muramos por quien nos asesta hondas puñaladas traidoras. ¡Eso es lo noble! ¿No es España la patria del Quijote? ¿No es este un viejo solar de bravos caballeros? Pues a reñir batallas sin otro fruto ni recompensa que el menguado honor de combatir contra quienes jamás nos perjudicaron y en pro de los que en todo tiempo han odiado el nombre y grandeza de nuestra Patria y hoy día detentan pedazos del suelo español...
Así piensa Lerroux, según no hace muchos días manifestó en el Congreso. En otro tiempo, toda acción guerrera le hubiese parecido un crimen. Hoy no.
¿Cuánto le habrá valido su cambio de parecer?

ROBERTO 25 de febrero de 1917 Revista de Gandia

EL BALOMPIE



¡Válganos Dios, la polvareda que ha levantado el exótico deporte del balón! En Gandia hay dos campos para dicho ejercicio; Denia también tiene el suyo; y Tabernes y Alicante y Castellón... De Carcagente a la capital, apenas si existe pueblo de la línea férrea que no ostente junto a la estación, o en sus proximidades, el correspondiente campo adecuado, moderno palenque de la inquieta juventud. Es un verdadero furor que se va extendiendo rápidamente y que no sabemos a lo que podrá llegar.

El atildado señorito que en otro tiempo cifraba su embeleso en ir por esas calles muy peripuesto, muy elegante y perfumado, vincula hoy todo su orgullo en lucir piernas de acero con cicatrices y cardenales sobre las rótulas y canillas. Antes, la vanidad solicitaba que la gente dijera: "¡Qué precioso!". Hoy, parece que demanda que el público diga: "¡Pero qué bárbaro!"

¿Es esto un bien o un mal?
Ya se que se han levantado voces austeras, muy respetables, dando el alerta frente a la locura del deporte. Pero creo que hay en ellas un poquito de exageración.
Los principales peligros que señalan al referido juego, son los siguientes:
Que la gente joven abandonará los estudios por dar de patadas al balón.
Que se corre le riesgo, confirmado muchas veces, de romperse un brazo, una pierna o la cabeza.
Y que semejantes diversiones embrutecerán la raza en lugar de idealizarla...

Pues bien: a pesar de todos esos inconvenientes, yo estimo que es mucho mejor lo que ahora sucede que lo que antes ocurría.

Hace dos o tres lustros se respiraba en los patios de las Universidades e Institutos, en las calles y paseos, en los cafés y casas de huéspedes –salvo honrosas excepciones- un ambiente metífico que asfixiaba. La mayor parte de las conversaciones que se oían, ya se sabe sobre lo que versaban. La lujuria, la indicación obscena, el recreo vergonzoso, saturaban la atmósfera de las más importantes poblaciones. Un gran número de estudiantes, cuya proporción aterra, pasaba las tardes y las noches en espectáculos repobables, en casas de juego y en otros lugares non sanctos que no quiero nombrar. Y daba grima y asco ver cómo aquella juventud, que había de ser la clase directora del día de mañana, presentaba, con harta frecuencia, ejemplares envejecidos prematuramente, que llevaban en el alma y en el cuerpo las lacras de todos los vicios y de todas las enfermedades.

Sin embargo de aquel medio ambiente tan degenerado, los que eran buenos estudiantes trabajaban y estudiaban y alcanzaban honra y provecho. ¿Por qué no ha de suceder ahora tres cuartos de lo mismo? Quien real y verdaderamente tenga afición al estudio, estudiará por encima de todos los balompiés y juegos semejantes, sin perjuicio de que emplee sus ratos de solaz en esa clase de ejercicios, para vigorizar su cuerpo, con lo cual nada pierde la especie humana, sin duda alguna.

En cuanto a los malos estudiantes ¿no es mejor cien mil veces que malgasten el tiempo dando saltos y carreras que frecuentando aquellos tugurios y lugares non sanctos a que antes aludía? Del campo de balompié, podrán no salir sabios, pero al menos no saldrán afeminados. Y todo eso viene ganando la raza, tan debilitada hoy moral y físicamente.

Bien es verdad que las fracturas de brazos y piernas ocurren más de lo que fuera de desear; pero siempre será preferible para todo honrado padre de familia, ver que le llevan a casa a un hijo cojo o manco o hasta muerto, a verlo víctima de inconfesables achaques.

Y respecto a que el ejercicio de la fuerza física produce el embrutecimiento de los pueblos, asunto es ese muy discutible. Sabido es el culto que en la antigüedad se rendía a la educación física. Dígalo Grecia con sus juegos y olimpiadas, lo cual no impidió que en su tiempo brillasen las ciencias y las artes de manera tan maravillosa que llegaron a ser veneros fecundísimos a los que todavía se recurre para depurar el entendimiento y la belleza. No hablaré de Roma, porque sus espectáculos, más que diversiones, eran espantosos crímenes sangrientos. Mucho más tarde, en nuestra España, el día de ayer como quien dice, los nobles y gentes de pro se ejercitaban en juegos que vigorizaban su naturaleza. La caza, la esgrima y la equitación eran las distracciones favoritas de las personas de buen tono, sin que por ello dejaran de reinar ingenios como Cervantes y Quevedo, poetas como Garcilaso y Lope de Vega; y capitanes como don Juan de Austria y Gonzalo de Córdoba... Porque la raza era sana y fuerte.

Y hoy día no hay más que fijarnos en las naciones que dominan el mundo. Al propio tiempo que inteligentes, sus hombres son sanos y robustos.

Mens sana in corpore sano es una frase elevada a la categoría de axioma. De una mente sana en un cuerpo sano puede la sociedad esperar frutos de provecho; mientras que de una mente enferma en un cuerpo enfermo, solo se pueden esperar utopías y sistemas perniciosos.

Claro está que el abuso de los deportes –como todo abuso- siempre será condenable; pero es preferible, a mi ver, el exceso de ellos, al exceso en aquellas otras diversiones que por sabidas se callan.

Hace diez o doce años, gran parte de la juventud cultivaba exclusivamente el vicio. En la actualidad, gran parte de la misma, cultiva la fuerza y la destreza. Podrá ser que la tendencia de ahora produzca resultados funestos; pero yo no puedo creer que sean peores que los que ha producido la orientación precedente.
Allá veremos si vivimos.
¿Acerté?
Pues, ¡goal!

JOSE Mª CAPSIR 10 de marzo de 1923 Revista de Gandia.