viernes, 19 de enero de 2007

DE TODO UN POCO (5)


Ya tenemos a Canalejas otra vez en el poder. Cayó sin que se le atacara formalmente, sin que de modo directo se formularan gravísimos cargos contra él. Han bastado unos cuantos reveses ligeros escapados de la lucha entre conservadores y republicanos, para que diese el batacazo magno que le hemos visto dar.
La causa, pues, de la última crisis ha sido el canguelo. Canalejas ha visto la cosa mal parada, a los militares disgustados, a las logias amenazantes y ha dicho: -¿Cómo me las arreglo? Por un lado, la intelectualidad extranjera me empuja; por otro lado el Ejército español y la parte sana de la nación me detienen... Pues ahí queda eso...- Y ha dejado el poder. Por cierto que no ha sido por mucho tiempo y ya le tenemos otra vez mandando, a pesar de su cobardía.
El debate sobre el proceso Ferrer continuará y don José seguirá lavándose las manos hasta que vea quién es el más fuerte. Si los fuertes son los militares, se pondrá de parte de ellos; si por el contrario es la chusma, de parte de la chusma.
El haber protestado en otros tiempos contra el fusilamiento de Ferrer, no le impedirá decir ahora, si lo cree conveniente, que la sentencia fue justa...
Que no es lo mismo ir contra las órdenes religiosas, que contra quienes llevan espadas que, a lo mejor, pinchan.
Además, cambiar de opinión, siempre ha sido de sabios...

¡Bien por La Cierva! Su discurso ha sido una verdadera filigrana. Nada ha faltado: justicia, razón, datos irrebatibles, elocuencia, nobleza en la discusión, todo lo que es suficiente y hasta superfluo para elevar a un hombre a una altura muy por encima de todos los farsantes defensores del anarquista Ferrer.
¡Bien por La Cierva! Si antes pudo haber quien honradamente creyera en la inocencia del desdichado Francisco Ferrer Guardia, ahora es imposible que esta creencia la tenga quien se precie de gozar de sentido común.
Es aplastante la lógica del discurso del valiente diputado por Mula. Con la valentía y la lógica con que él ha hablado, hablan los hombres de probidad, que no temen dar la cara y que tiene conciencia del deber.
Los patriotas, los verdaderamente amantes de esta desgraciada España, están con él. Respecto de los otros, los calumniadores, los hombres sin conciencia y sin honor ¿qué importa que se den por vencidos? Su adhesión ¿acaso hubiera dicho nada en pro de la causa de la justicia? ¿No es preferible que estén lejos de nosotros, porque cuanto más lejos estén, más seguridad tendremos de que la razón es nuestra?
Ni La Cierva, ni Maura, ni Mella, ni Llorens, ni Salaberry, ni nadie podrá convencerles... porque ya lo están y lo han estado siempre. Demasiado saben los sectarios que Ferrer fue un criminal...
Nada de discursos con los partidarios del desorden.
Sería peor que echar margaritas a puercos.

El beatífico Nákens es un ángel. Ahora resulta que no solo fue barbero de Morral y amigo de Ferrer, sino que, además, fue muy amigo del asesino de Cánovas del Castillo...
Fíjense ustedes en una cosa que no dejará de chocarles. Todos los que tratan al director de "El Motín", mueren de mala manera. Angiolillo en la horca; Morral se pegó un tiro; y Ferrer cayó atravesado por las balas de los máusers en los fosos de Monjuí.
No parece sino que Nákens tiene el triste privilegio de imprimir el sello de la muerte a los grandes asesinos que con él se rozan.
Lo dicho. Nákens es un ángel.
Pero un ángel malo y exterminador.

Dice el insigne Severino Aznar en una de sus crónicas:
"España se despuebla. En 1908 emigraron93.516 españoles; en 1909, 111.058; en 1910, 160.900. En una ola que se hincha y que amenaza con llevárselo todo. No disminuye, aumenta. Hay 26 compañías dedicadas al acarreo de emigrantes. Toda una flota de 350 buques trasplantando a España al otro lado del Océano.
Y mientras esto pasa, nuestros legisladores hacen discursos resplandecientes sobre Ferrer, que para unos era un imbécil y para otros un mito.
¿Estará ya Madrid cerca de Bizancio?"

He leído la carta que Federicy Funston, brigadier general de los Estados Unidos ha escrito encomiando el heroísmo del teniente Cerezo y los treinta y dos soldados supervivientes del sitio de Baler. Es una carta sencillísima pero que no se puede leer con los ojos enjutos.
Admira y conmueve la constancia y la fidelidad de aquel puñado de valientes, de héroes saguntinos. Lejos de su patria, asediados por todas partes, sin alimentos, enfermos, casi sin ropa, corroídos por la miseria y, sin embargo, firmes y denodados, manteniendo la soberanía de España en aquel pedazo de tierra filipina.
De la patria de esos bravos está compuesto el bizarro ejército español. Los individuos que lo forman no pueden ser asesinos, porque únicamente saben matar cubriéndose de gloria.
¿Cómo, pues, se tiene la osadía de acusar a los pundorosos jefes y oficiales de nuestro ejército? ¿De quién nace el ataque? ¿De los honrados, de los justos, de los intachables? No. Nace de gentes de la calaña de Blasco el negrero, Lerroux el del cemento, Soriano el payaso, el blasfemo de Italia, etcétera, etc.
Y digan mis lectores, con toda sinceridad y puesta la mano sobre el corazón: ¿Qué tribunal les ofrece más garantías de obrar con justicia, el tribunal legalmente constituido, compuesto de valientes y caballeros, o el tribunal que forman las opiniones de los embaucadores y farsantes, por no decir otra cosa?
Yo creo que el primero.

Estamos en un tiempo atroz. Todo va mal.
Debiendo hacer calor, hace frío.
En la India Holandesa hay una peste tan horrorosa que mueren el noventa y cinco por ciento de afectados.
En Marruecos no sabemos lo que pasa, pues mientras unos dicen que han destronado a Muley Hafid, otros niegan semejante noticia; pero es lo cierto que se suceden sin interrupción las trapatiestas.
Los rusos y los chinos se miran de reojo.
Los mejicanos y los yakees, parece que también.
En Saint Nazaire, Brest y Lapalice, palizas y huelgas.
De Portugal no hablemos, porque desde que disfrutan de república, están tan alegres que aquello es un continuo baile de San Vito...
¿Y en España? Terremotos en Murcia y a Canalejas otra vez en el poder.
Que el Señor nos asista a los españoles, pues no somos los mejor librados.

ROBERTO
8 de abril de 1911 Revista de Gandia.

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