lunes, 22 de enero de 2007

DE TODO UN POCO (8)


De "El Eco Social" de Almería:
"Hablaba Lerroux en el Congreso de los Diputados contra el Ejército de un modo hipócrita para mejor engañar, y decía: - No protestéis, militares, ni os alarméis!... No es al Ejército, salvaguardia de la Patria y archivo del honor, a quien nosotros atacamos: es al militarismo.-
Es lo mismo que se dijo y viene diciéndose cuando se ataca a la Iglesia: - No os alarméis católicos: no atacamos al dogma, no atacamos a la Iglesia, sino al clericalismo.
Los hipócritas no se atreven a dar la cara y decir claramente: ¡Religión!... ¡Ejército!... ¡He ahí a nuestros enemigos! Pero lo dirán. Cuando de debilidad en debilidad, de concesión en concesión, por el pánico insuperable de estos Gobiernos desdichados a que les llamen reaccionarios, las palabras hagan prosélitos, se arrojarán las máscaras y públicamente se hará la guerra a la Religión y al Ejército.
El amigo Ferrer, el que enseñaba al niño a odiar al militar y a ultrajar a la bandera de Patria y a arrojar el fusil al rostro del oficial, cubrió ayer su aversión y la de los suyos al Ejército, con la capa de enemiga del militarismo.
Solo hay una pequeña diferencia entre atacar a la Religión y al Ejército, pues la Religión no tiene bayonetas para mantener sus derechos frente a los desalmados que la atacan; y al Ejército le sobran espadas para defender los suyos."

La subsecretaría del ministerio de Gracia y Justicia, que estaba vacante, ya se ha cubierto. ¿Quién ha sido el feliz mortal que lo ha conseguido? ¡Quien había de ser! Un Montero: don Avelino Montero Villegas, hijo de don Eugenio y que era y continuará quizás siendo, abogado del Banco de España.
¡Qué buena estrella tiene esta familia de los Montero! Todos sus individuos comen a dos carrillos del turrón del presupuesto nacional. No hay pariente de don Eugenio, sea del grado que sea, que no tenga asegurada la subsistencia a costa de la nación española.
Y en medio de todo, hacen bien ¡qué cuerno! Unos y otros se nos han de merendar... ¿Qué más nos da que se llamen Montero o Perico de los Palotes?

Don Melquiades Alvarez, en el discurso que pronunció el día 8 en Madrid, dijo refiriéndose a la intervención de España en Africa, que el pueblo es contrario a la guerra, pues es por naturaleza partidario de la tranquilidad y la paz. Y a renglón seguido, hablando de la supresión del impuesto de consumos, exclamó:
- No nos detendrán los obstáculos para conseguirlo. Llegaremos hasta el sacrificio de nuestras vidas si es preciso, pues muchas veces la sangre del pueblo es fecunda.
¿En qué quedamos? ¿Es partidario, el pueblo, de la paz o no lo es? Porque no se concibe que cuando se trata del provenir de la nación, sea cobarde; y en cambio, cuando le parezca bien a don Melquiades, sea valiente.
Hablando con lógica, si el pueblo es amante de la paz hasta el punto de no querer tomar las armas para defender los grandes intereses de la Patria, menos querrá derramar su sangre por conseguir la supresión del impuesto de consumos, que, por muy provechosa que sea, nunca lo es tanto como el prestigio y prosperidad de la nación.
Hablando con lógica... Pero a cualquiera se le ocurre pedir lógica a los prohombres del partido republicano. Si la conocieran u obraran conforme a ella, no cubrirían sus cabezas con el pimiento marchito.

El Presidente del Consejo de Ministros, honra y prez de la charlatanería insustancial, prototipo del miedo a Francia y a los socialistas y maestro consumado en valentías contra los católicos (¡válganos Dios, cuánto epíteto!) se alimenta desde hace poco con vegetales nada más. Ya no come carne ni pescado, ni huevos, ni bebe leche. Nada de eso. Se alimenta solo, exclusivamente, de productos vegetales.
Ya decía yo que de algún tiempo a esta parte el bueno de don José no hablaba tanto. Claro. ¡Está débil!
A nosotros los católicos nos conviene mucho que sea vegetariano. De hoy en adelante podemos estar tranquilos. Porque si no puede probar la carne, menos podrá darse atracones de hígado de fraile y magras de clerical.
Bendigamos al Señor.

Mi trabajillo de esta semana sería insustancial en grado sumo, si no fuera valorado con una cosa muy simpática a todos los gandienses y a todos los valencianos en general: con una felicitación cordialísima a las innumerables Amparos y Amparitos que tanto abundan en esta bendita tierra.
Muchas son. Y si para cumplir con un deber de galantería quisiera escribir sus apellidos, no sería suficiente el corto espacio de que dispongo ni la Revista entera para consignarlos; y aún así, cometería, acaso, muchas e involuntarias omisiones. Mejor será, pues, que las felicite a todas en su conjunto.
¡Y qué nombre más agradable, más simpático y más simbólico es el de Amparo! Es, en realidad, lo que verdaderamente le hace falta a España: amparo de Dios y de su tierna Madre que nos ponga a salvo de las persecuciones de los Gobiernos liberales y nos resguarde de oír las atrocidades proferidas por Pablo Iglesias, Canalejas, Azzati y otros bichos más o menos pestilentes.
Salud, Amparos. Felicidades mil. Que la Virgen os proteja y os defienda y a mí que no me olvide.

ROBERTO 13 de mayo de 1911 Revista de Gandia

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